Recuerdo que, en una edición de Cuero Negro, se reseñó el demo de Black Angel y, dentro de la descripción, se mencionó que su propuesta era Black Metal con influencias del Thrashcore. En aquel momento, la apreciación no fue muy bien recibida por la banda. La reacción llegó incluso a un concierto, donde quemaron una ejemplar de la revista como una manera de dejar claro que ellos no se consideraban una banda Punk.
Con el paso de los años, aquel episodio terminó convirtiéndose en una anécdota de los primeros tiempos de la escena. Las perspectivas cambian, las personas también, y lo que alguna vez generó una reacción fuerte hoy forma parte de la historia. Lo más importante es que, después de tantos años, la relación con Black Angel es actualmente muy cordial, y aquella vieja discrepancia quedó simplemente como parte de las experiencias que acompañaron el crecimiento del underground peruano.
Esto me da pie para analizar la relación entre el Metal y el Punk
Hablar del nacimiento del Black Metal exige mirar más allá de las etiquetas. Aunque el género tiene raíces evidentes en el Heavy Metal, el Thrash y el sonido de bandas como Black Sabbath, Judas Priest, Motörhead y Venom, existe una influencia que durante mucho tiempo quedó en segundo plano: el Punk.
No se trata de afirmar que el Black Metal nació del Punk. La relación es más compleja. Lo que existió fue un intercambio de sonidos, actitudes, estética y formas de organización underground que, desde finales de los años 70 y durante los 80, ayudó a crear las condiciones para el surgimiento del Metal extremo.
En ese recorrido aparecen nombres fundamentales: Discharge, Venom, Hellhammer, Bathory y Sarcófago. Después vendrían Darkthrone, el Crust y, finalmente, el llamado Blackened Crust, donde ambas tradiciones terminarían encontrándose de manera abierta.
Discharge: la revolución de la crudeza
Para entender esta historia hay que comenzar con Discharge.
La banda británica transformó el Punk en algo mucho más agresivo. Su sonido basado en guitarras distorsionadas, batería acelerada, voces ásperas y estructuras directas dió origen al lenguaje que posteriormente sería conocido como D-Beat.
Pero la importancia de Discharge no estuvo solamente en la música. Su verdadera influencia fue también cultural: autogestión, pequeños sellos, casetes, fanzines, conciertos independientes y rechazo a las estructuras comerciales.
La idea era sencilla: no esperar a que la industria te diera un espacio, sino construir tu propio espacio.
Ese concepto sería fundamental para el desarrollo posterior del Metal extremo.
Venom: cuando el Metal decidió ser peligroso
A comienzos de los años 80, Venom apareció en Inglaterra tomando elementos del Heavy Metal, Motörhead y la NWOBHM y llevándolos hacia una nueva dimensión.
Welcome to Hell (1981) y Black Metal (1982) son discos fundamentales. La producción era cruda, la ejecución agresiva y la imagen deliberadamente provocadora.
Venom no era una banda Punk, pero compartía con el movimiento esa voluntad de romper con las reglas y rechazar la sofisticación excesiva.
El virtuosismo dejó de ser una prioridad. Lo importante era sonar extremo.
El título Black Metal terminaría dando nombre a toda una corriente que años después adquiriría una identidad propia en Escandinavia y otras partes del mundo.
Bathory: el nacimiento de una nueva oscuridad
En Suecia, Bathory, liderada por Quorthon, tomó el legado de Venom, Motörhead, Heavy Metal y Punk y lo transformó en algo mucho más oscuro.
Los primeros discos de Bathory son esenciales para comprender la evolución del Black Metal. Las guitarras aceleradas, las voces ásperas, la producción primitiva y las atmósferas sombrías ayudaron a definir una nueva estética.
Pero Bathory también demostró que la influencia Punk podía transformarse. Ya no se trataba solamente de velocidad o agresividad: era posible construir una identidad completamente nueva a partir de los recursos del underground.
Sarcófago: cuando la estética se volvió parte de la música
Si existe una banda que llevó esta combinación hacia un territorio particularmente radical, esa es Sarcófago, de Brasil.
Su álbum I.N.R.I. (1987) es una pieza fundamental del Metal extremo sudamericano y una referencia para generaciones posteriores de Black y Death Metal.
La música era brutal: velocidad, riffs simples y violentos, voces desgarradas y una producción áspera. Pero Sarcófago aportó algo que tendría una importancia enorme: la imagen.
El aspecto de Wagner “Antichrist” Moura y de la banda rompía con la imagen tradicional del músico de Heavy Metal. Rostros pintados, maquillaje extremo, cuero, tachuelas, cadenas y una apariencia deliberadamente agresiva construían una identidad visual que mezclaba elementos del Punk, el Metal extremo y una estética abiertamente provocadora.
El famoso look de Sarcófago antecede a muchas de las imágenes que posteriormente serían asociadas con el Black Metal noruego.
No era simplemente maquillaje para salir al escenario. Era parte de la construcción de una identidad.
Sarcófago demostraba que la música extrema podía tener una dimensión visual tan radical como su sonido.
Del Punk al Crust y de ahí nuevamente al Black Metal
Durante los años 80, el Punk continuó evolucionando hacia el Crust, donde bandas como Amebix incorporaron mayor oscuridad, peso y elementos metálicos.
A partir de ahí las fronteras comenzaron a desaparecer.
El Crust incorporó riffs metálicos y atmósferas oscuras, mientras que músicos provenientes del Black Metal comenzaron a recuperar elementos del Punk, particularmente el D-Beat.
¿Dónde encaja Impaled Nazarene?
Lo interesante es que Impaled Nazarene no es Blackened Crust. Su música continúa siendo fundamentalmente Black Metal, pero demuestra que el Punk podía penetrar en el género sin necesidad de convertirlo en Crust.
En Ugra-Karma el grupo abandona parcialmente el carácter más caótico y cercano al War Metal de su debut y desarrolla una propuesta donde aparecen con mayor claridad ritmos D-Beat, estructuras punk, velocidad y una actitud directa y agresiva. Diversas reseñas señalan precisamente el incremento de la influencia Punk en este segundo trabajo
Darkthrone y la reivindicación del Punk
La segunda ola del Black Metal noruego suele analizarse principalmente desde su relación con Venom, Bathory y Hellhammer. Sin embargo, existe otra dimensión.
Darkthrone, especialmente a través de Fenriz, reivindicó constantemente el Punk, el Crust, el D-Beat y el Heavy Metal tradicional.
Esto resulta particularmente evidente en trabajos posteriores como The Underground Resistance (2013), donde la banda se aleja deliberadamente de cualquier definición rígida del Black Metal y recupera elementos de aquellas músicas que formaron parte del underground de los años 80.
Darkthrone demuestra que el Black Metal no necesitaba vivir aislado del resto de la cultura extrema.
Blackened Crust: cuando las fronteras desaparecen
Con el paso del tiempo surgió una corriente donde esta relación se volvió explícita: el Blackened Crust.
Bandas como Iskra, Dödsrit, Young and in the Way, Mutilation Rites y Ancst mezclaron elementos que anteriormente pertenecían a escenas diferentes:
En Iskra, por ejemplo, la influencia del Crust y del D-Beat es tan importante como la del Black Metal. Aquí ya no hablamos de una influencia indirecta: los dos lenguajes forman parte de una misma propuesta.
Conclusiones
Más que una historia de géneros, es la historia de una cultura underground que se alimentó de la independencia, la provocación y la necesidad de crear sin pedir permiso.
Y quizá ahí se encuentre la conexión más profunda entre Punk y Black Metal: dos movimientos diferentes que entendieron que la música podía ser mucho más que entretenimiento; podía ser identidad, resistencia, comunidad y una forma de permanecer al margen de lo establecido.
Giuseppe (Pino) Risica
1 comentario:
Me encantó la nota!! Gracias por abrir la mente y mostrar diferentes teorías sobre nuestra amada música!
Publicar un comentario