sábado, 9 de marzo de 2013

Una Historia ( AC/DC - Bon Scott)


contaré esa especie de cuento de hadas rockero austral que dio lugar a una de las bandas más grandes de la historia del rock. Siempre se empieza con los Young, pero yo prefiero empezar con un fracasado llamado Bon Scott, un tipo al que todo le salía mal, que discutía con su malhumorada novia, que fracasaba en todos los grupos que había tenido y que casi se mata en un accidente de moto. Aquel chulillo se acababa de quedar sin su posesión más preciada, su sonrisa de macarra, desfigurada por el choque que le había roto la mandíbula, sin moto y sin una banda en la que berrear. En esas termino colgando carteles por Adelaida y uno de esos carteles era de AC/DC, los cuales estaban pensando en deshacerse de su cantante, un Dave Evans que no estaba a la altura. Bon ya había oído hablar de ellos, así que cuando el mánager y compadre Vince Lovegrove se acordó de su viejo y loco amigo y le ofreció el puesto como chófer del grupo, Scott no se lo pensó dos veces. Eso sí, aquel día por las prisas de llegar puntual se presentó ante Malcolm y Angus con las bragas de su chica en lugar de los calzoncillos. Así nació la chispa. Eran unos anormales destinados a hacer felices a millones de personas. La noche del concierto Bon se quedó entre el público partiéndose de risa al ver las pintas de Angus, hasta que vio como unos matones estaban burlándose de él. Entonces Angus cogió su Gibson y se tiró a por esos garrulos. Bon vio que esos enanos eran de los suyos y se liaron a leches con aquellos tipejos. Definitivamente, estaban hechos el uno para el otro.

Entonces los hermanos le ofrecieron una prueba. Mientras el grupo, con Evans, cruzaba el desierto para tocar en la otra punta del continente, Scott escribía apresuradamente cantidades ingentes de letras guarras, divertidas y sucias que se convertirían en sí mismas en todo un género y por fin, a principios de 1975, se crearon los AC/DC que harían historia. Nadie en Sidney había visto a frontman semejante. Ese gañán que cantaba enajenado la pasadísima de vueltas She Got Balls completamente borracho era el cantante más carismático, cachondo y único de todo Australia y probablemente del planeta. La popularidad del grupo empezó a crecer gracias al histrionismo y el humor grueso de Bon y aquello se llenó de chicas que se levantaban la camiseta en cuanto aquel desdentado peludo se lo ordenaba. Angus, Malcolm, Peter Clack y el recién llegado Rob Bailey no daban crédito al sex appeal de su nuevo cantante, cuando ellos habían sido prácticamente invisibles para las preciosidades que solían pulular por los clubes. Para cuando quisieron darse cuenta, ya estaban teloneando a Black Sabbath y apareciendo por televisión. El impacto que causó la versión del Baby, Please Don’t Go de Joe Williams por la ABC durante la promoción de su debut, en un programa que se veía en todo el país, con Bon vestido de colegiala despechada armada con un martillo de juguete llorando porque Angus le había roto el corazón fue probablemente la aparición televisiva más surrealista, gloriosa y acojonante de la historia del rock, aunque cuando salieron por primera vez en Countdown también arrasaron. Imaginad el shock de una familia de clase media sentada frente al televisor observando atónitos el espectáculo. De vuelta a Melbourne, la capital austral del rock, donde Angus seguía liándose a guitarrazos con todo aquel que tuviese las pelotas de reírse de ellos, eso sí, en clubes cada vez más grandes y menos antihigiénicos, alojados junto a los peores burdeles de los bajos fondos se acuartelaron y tanto Bailey -una pena, porque sacaba como cuatro cabezas al resto y era realmente divertido el contraste- como Clack dejaron el grupo exhaustos ante el desaforado ritmo de Bon.
Poco después una sobredosis de morfina combinada con ingentes cantidades de alcohol casi terminó con él. Era una estrella de rock antes de serlo. Entonces llegó Phil Rudd, un batería de la vieja escuela, impasible, frío, calculador, que no movía ni una ceja pero que hacía todo el ruído del mundo. Entonces llegó la oportunidad de dar el último paso hacia el infinito. El festival de Sunbury del 75′ contaba ni más ni menos que con los Deep Purple de un arrollador y floreciente Coverdale, de Blackmore, Lord, Paice y Hughes y con un par de discos brutales como Burn y Stormbringer todavía humeantes. Si les superaban aquella noche, absolutamente nadie podría detenerles. Pero no llegaron a tocar. Los ingleses decidieron llevarse todo su equipo de sonido para boicotear al resto de grupos y los AC/DC les mandaron a la mierda. Nadie se burlaba de ellos. Y en esas ficharon por EMI. Aquello no era ninguna minucia. Tenían una batería de clásicos propios y el talento compositivo estaba fuera de toda duda. El único problema era que eran unos impresentables. La portada de su debut iba a ser la de un perro meando junto a un poste y unas latas de cerveza aplastadas. Chris Gilbey fue el genio que tuvo la idea. Mientras presentaba su proyecto a los estupefactos ejecutivos de la discográfica apareció Bon, se quedó mirando el dibujo, agarró a Gilbey del cuello y con una sonrisa de loco dijo que acababa de captar lo que era AC/DC. Por desgracia, la versión internacional contaba no sólo con una portada distinta, la que conocemos de la caricatura de Angus, sino que las canciones estaban en otro orden. Por eso la versión de High Voltage que tenemos en mente, la estadounidense, lanzada en 1976, no cuenta con la vacilona Show Bussiness, la esperpéntica Baby, Please Don’t Go y la impagableStick Around. Aunque tampoco importa mucho.

Love Song -”And I know what you want me to do Oh, I’ve got hearts and flowers for you“- por ejemplo no pasase el corte en la edición internacional, que es la que realmente nos vale a nosotros, pero sin duda el High Voltage que todos conocemos es un disco bestial. Mezclando los dos álbumes del grupo en Australia, High Voltage y TNT, el desembarco internacional fue difícil pero agradecido. En Australia ya lo habían hecho todo. Si Angus ya se había disfrazado de gorila -al que soltaban de su jaula por sorpresa entre el desprevenido y atónito público- y Bon lo había hecho de Tarzán, ya no había barbaridad posible que no hubiesen hecho. Scott terminaba los conciertos tapado únicamente por un tanga de leopardo y ya se lo había montado con la gigantesca Rosie una treintena de veces en una semana. Pero así era él y ésa era la esencia del rockstar kamikaze. Aquel ritmo de vida le costó casi todos los dientes cuando, mientras estaba con una fan en su casa en pleno Soul Stripper, alguien empezó a aporrear la puerta. Bon mandó a la mierda al visitante, que resultó ser el padre de la chica. Antes de poder reaccionar un gigante le tiró por la ventana y por ahí se fueron los pocos dientes que le quedaban. Ya con Mark Evans asentado como bajista, la formación clásica de AC/DC estaba completa y así se grabó TNT, su segundo trabajo en 1975, realizado a un ritmo frenético. Las tácticas de promoción fueron un caos y la idea de los conciertos gratuitos casi terminó en desgracia por las avalanchas de adolescentes salidas, hasta que a Gilbey se le ocurrió una campaña genial. La idea de venderles como los rockeros sucios que pervertirían a tu hija, el look up your daughter, fue todo un éxito y AC/DC giró por Australia hasta enero del 76′, mientras en diciembre fichaban por Atlantic UK. Esos garrulos realmente iban a conquistar el mundo.

Durante los primeros meses de 1976 se grabaron los impagables videoclips deJailbreak y It’s A Long Way To The Top y en abril desembarcaron en el Reino Unido. Bon se metió en problemas y al final terminó inconsciente, con la cabeza abierta a causa de una jarra de cerveza voladora y la sesión para la prensa fue un desastre. Y a Angus le dio por enseñar el trasero en los conciertos y la verdad es que la prensa les veía como una broma. Pese al caos, un mes más tarde salía en Estados Unidos la edición internacional de High Voltage, que llegaría con el tiempo al triple platino. El rock acababa de encontrar a sus nuevos e inconcebibles reyes, encarnados por un tipo con pintas de camionero con problemas mentales y un crío de veinte años que apenas pasaba del metro y medio y vestía con uniforme de colegial. Desde luego el contrapunto necesario al glamour de los Mick Jagger o Rod Stewart y al sex appeal de Robert Plant o David Coverdale. Aunque si escucháis el primer tema del disco, It’s A Long Way To The Top, veréis que desde el mismo inicio todo encaja y que la canción en sí no hace más que profetizar el futuro del grupo. Iban a ser estrellas de rock sí o sí. Ese riff inconfundible, la batería de Rudd marcando el ritmo y la estrambótica e irrepetible voz de Bon y las jodidas gaitas de fondo (¿hay algo más chirriante que AC/DC con gaitas?) lo dejan bien claro. Ellos ya habían pasado ese duro camino a la cima y estaban rockeando como nadie. Un tema irrepetible y clásico que debería ser el manual de instrucciones de todo grupo que quiera ser algo en esto del rock, al igual que Rock ‘N’ Roll Singer, la particular declaración de principios de Bon Scott, que demuestra ser un letrista genial y el rock hecho hombre. The Jack, ese blues lento y machacón sobre una chica con un problema en sus bajos, es otra prueba de ello.

Era un poeta, guarro, desgarbado, sucio, desagradable, pero un poeta, una genuina estrella de rock. Live Wire tiene una intro de bajo excelente a cargo de Evans que se mantiene durante todo el tema con una solidez y autonomía totales y el riff y las perfectas guitarras gemelas de los Young son el soporte ideal para que Bon desarrolle su poesía venérea o sus historias de peleas de bar y de macho asaltante de dormitorios con sus letras geniales -”I’m dirty, mean and mighty unclean, I’m a Wanted man, Public Enemy Number One! Understand… So lock up your daughter and lock up your wife!“- de pura fanfarronería, o Can I Sit Next To You Girl, una de las primeras canciones del grupo, anterior a Bon, y que aunque es vacilona y tiene ese ritmillo genuino no capta la esencia AC/DC como Little Lover, blues rock tórrido, seco y lento con una base rítmica tan infravalorada como genial, un solo sublime y una interpretación del bueno de Bon Scott perfecta. Sí, luego Sebastian Bach la versionó, pero os reto a que me digáis qué “Oh baby you sure looked sweet cruisin’ a leg either side of my motorcycle seat” os pone más berracos. Es probable que gane Bon, el cual nos regaló She’s Got Balls, esa peculiar dedicatoria a su ex mujer, una de las letras más míticas y divertidas de la historia del rock. Su querida Irene tenía un par de pelotas -ese “But most important of all, let me tell you, my lady’s got balls!” es impagable- y para ella sola va esta declaración de amor. Aunque habría sido genial incluir Jailbreak en la edición internacional, la novena y última pista lo compensa con creces. High Voltage es AC/DC y AC/DC es High Voltage, otro himno para todos los rockeros, y es que quién no ha dicho alguna vez eso de “You ask me what I’m all about, come on and let me hear you shout high! I said high! High voltage rock ‘n’ roll!“. El final ideal para esta obra maestra del hard rock más guarro y pilar sobre el que se sustentó una de las mayores bandas de rock de todos los tiempos. Lo bueno apenas acababa de empezar.
Fueron mejor recibidos fuera de Australia que en casa, un lugar que, tras la gira por el Reino Unido y el amago de asalto a Estados Unidos, seguía siendo más bien hostil y que disfrutaría viendo a esos enanos macarras desplomándose, incapaces de repetir el éxito de su debut. No sabían si eso era punk, hard rock o heavy metal, de hecho nadie lo sabe casi 40 años después, lo único de lo que estaban seguros era de que eran un blanco fácil. Hasta la propia prensa musical australiana se metía con ellos. Claro que eran unos gañanes. Pero son nuestros gañanes favoritos. Y les iban a noquear con su Dirty Deeds Done Dirt Cheap, un álbum aún más cafre y duro, si es que eso es posible, que High Voltage, aunque yo sigo prefiriendo la frescura del primero. En todo caso, para principios de 1976 se empezó a trabajar en esta deliciosa barbaridad, aunque bien es cierto que las sesiones de grabación fueron haciéndose a cuentagotas, y es que AC/DC estaban en la cresta de la ola y no tenían tiempo para pasar varios meses encerrados en un estudio. En Australia estaban en pleno verano, y mientras al hemisferio norte se le congelaba el cerebro, ellos seguían girando por el continente austral sin descanso tocando en surrealistas festivales gratuitos de acceso libre acuáticos, tocando en un inestable escenario flotante sobre el que intentaban avalanzarse a nado las aspirantes a groupies más intrépidas y locas mientras la policía marítima las perseguía en mitad del caos de chapoteos y guitarras; una escena delirante 100% AC/DC que lo único que conseguía era aumentar más y más la popularidad del grupo y atraer a más y más gente, llevando a High Voltage y TNT a ser discos de oro y a lo más alto de las listas, meses después de ser publicados. A este tipo de conciertos se unieron las grabaciones definitivas de dos de los mejores videoclips del grupo. Ver Bon con su cara de cachondo mental en It’s A Long Way To The Top es impagable, igual que verle con sus pantalones de campana luciendo su pecho peludo antes de ser abatido a tiros mientras intenta escapar de prisión junto a un Angus disfrazado de algo en Jailbreak. Todo iba muy rápido, pero conocían sus virtudes y sabían que su peculiar sentido del humor iba a ser una de sus armas definitivas.
Despedirse de Australia antes de marcharse para Europa en abril con una bajada de pantalones de Angus enseñándole el trasero a miles de fans perplejos era uno de esos detalles marca de la casa que se quedarían ahí para siempre. No podían culparles por largarse de Australia, un país que por aquel entonces todavía estaba hecho a medias y con un público potencial de apenas unos millones de personas, suponiendo que toda la población de entre 15 y 30 años fuese fan de las nalgas de Angus Young y/o fuesen camioneros tatuados cuyo hobby fuese atropellar dingos en mitad del desierto. Comparado con las enormes posibilidades que les ofrecía el Reino Unido, donde ya tenían un nombre después del arrollador paso del año anterior, como base para invadir Europa, estaba claro que Australia se quedaría sin ver a AC/DC por una temporada, por mucho que los clips promocionales de sus dos discos siguiesen pasando a todas horas. Ocurrió que cuando llegaron a Londres se quedaron completamente solos. Su compañero de gira iba a ser Paul Kossof acompañado por su nuevo grupo, pero Kossof falleció de un infarto mientras viajaba en avión; con graves problemas de drogas, su final se adivinaba cercano, pero su agobiante muerte -No se me ocurre nada más angustioso que agonizar enlatado a miles de metros de altura sin posibilidad de ayuda- fue tan repentina que cuando llegaron a Inglaterra la compañía les alojó en una casucha fría y destartalada, en una ciudad donde no conocían nadie y encima no podían tocar porque la gira se había suspendido, llevando al grupo -En especial a Bon, que era el único que conocía los tugurios londinenses- a dispersarse, hasta que por fin les salieron unos cuantos bolos. Eso sí, gratuitos. No es que no estuviesen haciendo dinero, es que lo estaban perdiendo, y para colmo estaba explotando todo el movimiento punk, con el que la prensa les relacionaba y que desesperaba a los Young, que no eran capaces de entender cómo demonios podían meterles en el saco de grupos que ni siquiera sabían tocar, y que hizo que el público potencial pasase de AC/DC y que los punks también les ignorasen. Ellos sabían que no podían competir en igualdad de condiciones con los Sex Pistols, y que en una lucha directa no tenían mucho que hacer.
Al final, la gira con lo que quedaba del grupo de Kossof, los totalmente desconocidos sin su guitarrista estrella Back Street Crawlers, salió adelante, y fue un fracaso total que sólo se justificó porque dio a conocer un poco más al grupo, por lo que decidieron llevar el modelo de gira del Look Up Your Daughters que había arrasado en Australia y salir por su cuenta a la carretera, donde, esta vez sí, sembraron el pánico y el rock por todo el país y revistas como Melody Maker empezaron a respetarles y dejaron de burlarse de ellos, de su aspecto físico y de su inclasificable estilo. Salían por la TV, tocaban en recintos míticos como el Marquee -Donde arrasaron todos los récords de asistencia de Hendrix o los Stones, abarrotando el pequeño teatro en pleno delirio rockero y asfixia del público entre aquella marea humana- y empezaron una nueva gira veraniega por Suecia, país lleno de chicas más receptivas e interesantes que las simpáticas fans inglesas. La recopilación de High Voltage y TNT, es decir, High Voltage, no vendía mucho, pero los conciertos se llenaban hasta los topes, por mucho que el más importante de todos, el de Reading, junto a Ted Nugent, fuese ante un respetable bastante despectivo hacia AC/DC, todo lo contrario que en Alemania, junto al británico el público más entendido en rock, con la gracia de telonear al innombrable, a los Rainbow de Ritchie Blackmore, el cual hizo gala de su encantador carácter insultando al grupo en cuanto podía, escribiendo un nuevo capítulo en la peculiar relación entre AC/DC y la saga Deep Purple, y para terminar el año volvieron a Inglaterra, envueltos en entrañables escándalos, para variar. El hecho de que Angus pasase de enseñar el culo a directamente desnudarse y pasear su lagartijilla por el escenario empezó a escandalizar al personal, los promotores empezaron a pedir una cláusula en la que se exigía que al menos se dejase puestos los calzoncillos, recibieron amenazas de ser arrestados por escándalo público y hasta les impidieron tocar en lugares tan respetables como Oxford. Cosas que obviamente se pasaron por el forro y que no hicieron otra cosa que aumentar más y más la fama de AC/DC en las islas.

Mientras tanto, en Australia se publicaba ese mes de septiembre el disco que recogía todo lo que había dado tiempo a grabar en los últimos meses y algunos temas viejos: Dirty Deeds Done Dirt Cheap, producido por Harry Vanda y George Young. Casi al mismo tiempo en Estados Unidos salía High Voltage en el mismo formato que en Europa, aunque poco después las discográficas americanas se negaron a promocionar el nuevo disco ya que lo veían como algo totalmente anticomercial e imposible de vender, y el mes siguiente lo nuevo de AC/DC, en el formato que conocemos hoy en día, se publicaba en el Reino Unido, a modo de despedida del grupo antes de volver en diciembre a Australia para descansar y presentar el disco acto seguido. Bueno, y enseñar el culo, cómo no. El caso es que tenían un buen puñado de nuevas canciones listas para incendiar el país, empezando por la propia Dirty Deeds Done Dirt Cheap, que presenta al grupo como una adorable pandilla de delincuentes que te solucionaban los problemas a cambio de un módico precio. Uno de los clásicos absolutos de la discografía de AC/DC, que si bien al principio recuerda al ritmo repetitivo de TNT o The Jack, con la base rítmica que no avanza y un riff constante, para sorpresa del personal se arrancaba entre los sucios coros llenos de jadeos y mal aliento, ideal tanto para un club de mala muerte o para retumbar en un enorme estadio, con un solo de guitarra tórrido y que se disparaba dando un brusco giro demostrando cuánto había mejorado Angus Young como guitarrista en el último e intenso año. Ahora eran mejores músicos y eso se notaba nada más empezar el disco con esta maravilla; una manera insuperable de empezar un disco. Love At First Feel. Ah, las groupies menores de edad, qué os voy a contar que no sepáis. Canción guarra de manual, pero si en 2010 funciona, ¿por qué no les iba a funcionar en 1976? Un riff vacilón y con ese encanto boogie boogie persigue rubias interpretado por el grandísimo Bon Scott al que se añade a un Angus desatado y por momentos espectacular y con la confianza por las nubes y los magníficos coros que aportaban Malcolm Young y Mark Evans para contrarrestar la chirriante voz de Bon formando una pieza tan peligrosa como adictiva. Hablando de cosas adictivas, Big Balls es lo más adictivo que pueda existir.

Es una cerdada apestosa y de humor de brocha gorda, pero el que no se haya visto repitiendo el “she’s got big balls!” imitando a Bon Scott no es pèrsona. El coro femenino dándole la réplica al cachondo de Bon y el ritmo más propio de un sketch de Benny Hill que de una banda de hard rock son gloriosos y hacen de Big Balls una de las canciones más divertidas del rock. Porque my balls are always bouncing to the left and to the right. Hay más cachondeo. Rocker es lo más punk de AC/DC, aunque en realidad sea un blues rock de los años 50′ pasado de vueltas con una letra que define como ninguna a Bon Scott: “Got slicked back hair, skin tight jeans, cadillac car… and a teenage dream, I’m a rocker, I’m a roller!”. Esa jam final da paso a Problem Child, una de las grandes olvidadas del repertorio de AC/DC y que de alguna manera recuerda por su riff y su estructura a la futura Highway To Hell. Sea como sea, una pista gloriosa que tienes que escuchar a todo volumen y con ese júbilo que sólo te pueden dar AC/DC. No hay nada mejor que un estribillo glorioso y un buen solo de guitarra. Problem Child no inventará nada, pero tiene todo lo que tiene que tener una canción. Angus está crecido. Todos lo están. There’s Gona Be Some Rockin’ va mucho más allá del hard rock frenético y enmarañado, convirtiéndose en una demostración de buen blues rock que sorprenderá a los fans más garrafoneros de AC/DC y al resto nos recordará que siempre han sido mucho más que un grupo de hard rock. Eso sí, es una pieza bastante lineal, no como Aint’ No Fun (Waiting Round To Be A Milionaire). Es de las de sonrisa contenida, headbanging furtivo y “sí, nena” mental mientras vas por la calle. AC/DC te hacen feliz. Ride On, con ese inicio lento y amenazador, recuerda a la atmósfera sensual de la futura Night Prowler. Bon Scott nos descubre su compleja alma y Angus se contiene para lanzar unos destellos puntuales de clase que ya querrían muchos virtuosos mejor considerados que él, y finalmente Squealer, con un Bon cuchicheando y diciendo guarradas mientras Evans y Phil Rudd le van encerrando hacia los guitarrazos de los Young, cada vez más contundentes hasta estallar en un descontrolado solo de guitarra mientras Evans y Malcolm jalean a Bon; no podían terminar mejor su entrada en el show bussiness.
El plan era arrancar en diciembre, apenas una semana después de aterrizar en Sidney, un nuevo tour, A Giant Dose, que pese a empezar con el primer concierto cancelado, presentó a un grupo que era, literalmente, una trituradora en directo. Si antes de marcharse a Europa eran los amos, ahora eran sencillamente el mejor grupo de Australia. No había nadie que sonase mejor, que tuviese unas canciones tan buenas ni que estuviese tan bien engrasado. Después de tantos meses tocando juntos, eran una máquina imparable, y para disfrute de Bon, las groupies de todas las edades, pero en especial las más jóvenes, escapaban de sus casas para abalanzarse sobre él. Y esto sólo era el comienzo. Si os fijáis, veréis que todo el mundo tiene una serie de personajes recurrentes de los que tira cuando le hace falta, sus fetiches particulares. Y AC/DC de normal no son uno de los míos, para qué os voy a engañar. Es difícil que me ponga algo de ellos sin más motivo que el del método “pormis”. Lo que me pasa con Bon Scott es que me cae tan de puta madre y le tengo tanto cariño que me gusta hacerle pasar por aquí porque realmente es uno de esos tipos al que me habría gustado conocer. La muerte suele mitificar a la gente pero creo que con Bon no fue así, que sencillamente él ha pasado a la historia del rock tal y como era, un gran tipo, el granuja guasón que es imposible que te caiga mal porque tiene un corazón de oro. Cuestión de carisma. Tenía una ganas tremendas de hablar del que para algunos es el mejor disco de AC/DC y del que para mí es el disco clave en la historia del grupo, el que marca el punto de inflexión para demostrar que son algo más de lo que muchos creían. Creo que con el título es suficiente como para darse cuenta de su importancia. Te da a entender que hasta llegar a este punto, no había nada, y que eran AC/DC y nadie más los encargados de que se hiciese la luz. Estaban cansados de tener que lidiar con la policía para desnudarse en directo y del trato de una prensa que seguía sin tomarles en serio como músicos por su peculiar sentido del espectáculo. Habían triunfado en Europa, pero al volver a Australia para su Giant Dose Of Rock ‘n’ Roll Tour se habían encontrado con las autoridades de cada ciudad encima de ellos por su reputación de gañanes nudistas y pendencieros y con cancelaciones por doquier.

 Tenían la mala fama del punk con la actitud del rock. Eso en una sociedad bastante mojigata como la australiana allá por finales de 1976 significaba cavarse su propia tumba. Empezaba 1977 y el mundo del rock no era el mismo de apenas dos años atrás. Lo cierto es que fue un año bastante pobre para el rock. Sin Deep Purple mientras Blackmore y Coverdale seguían con sus propios proyectos, con Led Zeppelin o Black Sabbath disipándose, con grupos americanos como KISS y Aerosmith ocupando el lugar que los primeros dinosaurios estaban dejando y con el advenimiento del punk británico, la aparición de unos Judas Priest que avecinaban que algo muy gordo estaba gestándose en el heavy metal y el emergente y para todos los públicos AOR en Estados Unidos, los rockeros necesitaban más que nunca un grupo como AC/DC. Necesitaban algo frenético, sucio y muy directo, a ser posible a un volumen brutal y muy agresivo, pero sin la pobreza del punk y con el talento del hard rock. Ellos eran los elegidos. Feos, bajitos, contrahechos, guarros, imperfectos, únicos en su especie. Iban a dar una lección a todos aquellos que no les tomaron en serio, y a finales de enero se metieron en los Albert Studios para meterse un plan de grabación intensivo de un par de semanas creando sin descanso nuevos temas, aunque a Bon le molestaba su dentadura nueva y era realmente divertido verle cantar con sus dientes postizos cobrando vida propia. La idea era sencilla. Un LP de dos caras sin nada de relleno, sólo puro y duro rock en crudo, componiendo como siempre; primero un riff, luego trabajar sobre él, probar distintas cosas, y quedarse con la que sonaba mejor. Más que unas sesiones de grabación eran unas auténticas improvisaciones. El caso es que todo fue tan fácil y tan rápido que para la primera semana de febrero ya tenían el disco listo, por eso aprovecharon para dejarlo en manos de Harry Vanda y George Young, que a fin de cuentas eran los responsables de todo lo que habían hecho AC/DC hasta ese momento, y se lanzaron a la carretera para recuperar Australia empezando por Sidney. Siguieron por todas las grandes ciudades del país, pero aunque se dejaban el alma en cada actuación, algo fallaba. Por alguna razón el público australiano no les recibía como esperaban.

Con los años se convertirían en prácticamente el símbolo de Australia, traspasando lo meramente musical, pero hay que admitir que por aquel entonces se les quería mucho más en Inglaterra o Alemania que en su propia casa. Por eso se embarcaron rumbo al Reino Unido justo cuando se publicaba la versión internacional de Dirty Deeds Done Dirt Cheap y canciones adorables como The Jack hacían que en su natal Glasgow, y en otras tantas ciudades, no les dejasen tocar por irreverentes y subversivos. Pero al contrario que en Australia, esto no hacía mas que aumentar la popularidad del grupo y que AC/DC estuviesen presentes en todas las conversaciones tanto de fans como de miembros de la industria. Los peces gordos de la industria musical se estaban fijando en ellos y entonces, en marzo, se hizo el rock. Let There Be Rock no tuvo el éxito esperado en Australia y hasta finales de junio no llegaría a las tiendas del resto del mundo, pero estaban orgullosos del paso que acababan de dar, porque era hasta el momento el disco definitivo. Sí, claro que seguían teniendo ese boogie rock y esas letras cachondas, pero sonaban distinto, más afilados, más amenazantes, más duros. La imagen del grupo ya no era la de Angus disfrazado de colegial, ahora en las fotos salía Bon Scott sin camiseta y enseñando tatuajes. La crítica una vez más les puso por los suelos, pero a ellos les daba igual. Mientras Australia recibía el impacto que suponía semejante amasijo de guitarras crujientes, ellos estaban en Londres preparando una gira en la que telonearían a Black Sabbath. Lo cierto es que la gira terminó en desastre cuando Malcolm se lió a puñetazos con Geezer Butler, amén de los problemas con el equipo de sonido que aguantaron durante aquel mes y con el colofón final de la expulsión de Mark Evans y la búsqueda de un nuevo bajista. El nuevo bajista tenía que mantener la particular estética AC/DC, y ese tipo era Cliff Williams, el bajista definitivo del grupo. Apenas había escuchado a AC/DC en su vida pero tenía el culo pelado como músico de sesión, había tocado en decenas de grupos que no habían llegado a ninguna parte, sabía lo que era dormir en la calle y tenía más experiencia que todos los demás juntos, incluyendo a Bon, y es que ya sabía lo que era tocar en Estados Unidos. No se lo pensaron dos veces y le ficharon, dando lugar a la formación “clásica” de AC/DC. De vuelta a Sidney, justo antes de salir el disco en el mercado

La actuación del Bon predicador pasó a la memoria del cachondismo cósmico, pero lo cierto es que el bueno de Scott cuando hace el salto desde el órgano el golpe que vemos es real y casi se queda sin pierna. Mientras tanto, el mundo recibía la tercera descarga de AC/DC. Esa ración brutal de electricidad empezaba con Go Down. Cuando dentro de décadas alguien eche la vista atrás y repase la carrera de AC/DC, probablemente no se detendrá en esta canción, pero ese riff, ese estribillo, la manera en la que Phil Rudd sin apenas moverse machaca la batería creando ese ritmo a piñón fijo, y la voz inimitable de Bon Scott consiguen que sea un temazo ideal para abrir el disco que tenía que confirmarles. No deja de ser la típica canción de AC/DC, pero hay algo en la manera de tocar de Angus que es distinto. Más afilada. Más chillona. Y en la manera de plantear el desarrollo de las canciones, llenas de cambios de ritmo. Llega Dog Eat Dog. A esta sí que no hay nadie que pueda objetarle algo. Es un clásico total del hard rock. Bastan quince segundos para meterse de lleno en ella, y es que es un tema tan sencillo como apasionante, de los que cualquiera que quiera montar un grupo debería versionar. El riff es sencillo, el estribillo es pegadizo , la base rítmica es magistral y el solo es en teoría simple pero en realidad mucho más difícil de lo que parece. Vamos, lo que es el sonido del grupo. Entonces llega la pieza central, Let There Be Rock. Bon cogió una Biblia y no tuvo mejor ocurrencia que escribir esta maravilla irreverente que es un himno inmortal cuya letra es una genialidad que demuestra el talento que tenía este tío para escribir canciones. No hace falta colocarse  para escribir poesía o lo que sea que hace sobre esta especie de riff continuo y machacón de seis minutos sobre los que va recitando la Historia del rock. Muestra del crucial pero casi imperceptible cambio sonoro de AC/DC es Bad Boy Boogie. Tiene un riff que recuerda al de High Voltage, esa lírica de pichabrava -”Bein’ a bad boy ain’t that bad, I had me more dirty women than most men ever had: all you women come along with me and I’ll show you how good a bad boy can be“- que sólo podía salir de la mente de Bon y ese ritmillo vacilón, pero si esta canción hubiese salido un par de años atrás no tendría la misma pegada, ni la misma riqueza en las guitarras de los Young.

Overdose sorprende por su inicio dubitativo, con esa guitarra entrecortada jugueteando con Phil Rudd, hasta que arranca la maquina. De nuevo una pieza larga -Otro detalle, salvo Dog Eat Dog todas pasan de los cuatro minutos- y compleja que deja claro que habían alcanzado madurez como músicos, amén de un solo estratosférico de Angus que según pasan los minutos se va gustando más y más. Hell Ain’t A Bad Place To Be es la predecesora de esa canción que todos tenéis en mente. Y claro, luego está Whole Lotta Rosie, la mujer más peligrosa y horonda de todo Tasmania. Una de las mejores canciones de la historia del rock. Así terminaba el disco que se colaría por primera vez en las listas británicas. Mientras tanto, el grupo tocaba bajo el pseudónimo de Dirty Deeds en los clubes de Australia para que extranjería no cazase a Cliff Williams. Pero nada podía detenerles. Estaban a un paso de la gloria. Qué cojones, los AC/DC querían conquistar el mundo. Y todos sabemos que el mundo empieza y termina en Estados Unidos. La Wikipedia no miente, y os dirá que los señores de Atlantic decidieron embarcar a este atajo de guarros profesionales, empaquetarlos en un avión y arrojarlos al impredecible público americano, más preocupado por los Bee Gees que por esas surrealistas canciones sobre mujeres de Tasmania con sobrepeso. ¿Y qué mejor que empezar por Austin, Texas? ¿Hay algún sitio más parecido a Australia que Texas? Era cuestión de tiempo; los cerebros de Atlantic no eran tontos y sabían que tenían un artefacto explosivo entre manos, sólo hacía falta lanzarlo en el momento adecuado. Y no era el momento adecuado, pero no era un mal comienzo. De hecho volvieron locos a los rednecks locales, completamente borrachos por el rock and roll disparatado y pirotécnico del grupo; no habían visto a semejantes pirados en su vida. El sentimiento era mutuo. Acostumbrados como estaban a superestrellas de rock arrasando hoteles, llevándose groupies a decenas y montando en lujosos coches, aquellos australianos que recorrían el país en un par de furgonetas apenas tenían dinero para comer alguna hamburguesa.

Pero eso era lo de menos; empezaron a actuar como teloneros de REO Speedwagon, Johnny Winter o Foreigner, lo cual no era un favor hacia éstos, reventando al público y convirtiéndose en las estrellas, y además conocieron a los Lynyrd Skynyrd, y es que Bon y Ronnie Van Zant tuvieron una especie de entendimiento místico desde el primer momento, como si supiesen que el poco tiempo que les quedaba en la tierra era para pasarlo juntos. La cantidad de público daba igual. Cuando viajaban por su cuenta a la aventura podía correrse la voz y actuar para varios miles de personas, pero a la vez podían terminar en algún tugurio del Medio Oeste tocando para unas decenas de tipos con mal humor a los que Bon vacilaba sobre si tenían enfermedades venéreas o les retaba a un pulso o a una partida de billar. O se liaba a puñetazos. Pero Bon Scott, sus tatuajes a lo Popeye y su 1.65 de estatura eran gigantescos y le convertían en el gañán más encantador del rock. Claro, el público americano lógicamente no daba crédito a los discursos de Bon que más que nada eran una especie de monólogos sobre anécdotas que le habían pasado la noche anterior, lo feo que era el trasero de Angus o la rica intrahistoria que se esconde detrás de The Jack, pero los promotores y los señores de Atlantic no querían tener a un grupo tan cafre -comparados con los dulzones Boston y Journey del momento o con los decadentes Aerosmith y el despiporre de KISS, unos obscenos australianos nudistas no eran de recibo- tocando en las grandes ciudades como Miami, Nueva York o Los Angeles, así que al final les terminaron pagando para que cerrasen la boca y se limitasen a tocar. De hecho en Miami les pagaron para que no tocasen. No fue su momento hasta llegar a Sunset Strip y tocar, cómo no, en el Whisky a Go Go. Van Halen estaban sonando cada vez más y el tiburón del lugar era Gene Simmons. Ya lo había hecho con Van Halen y ahora estaba a la caza y captura de la siguiente sensación. Y esos eran nuestros garrulos favoritos. Eran la antítesis del sentido del espectáculo a la americana. En lugar de escupir fuego, su guitarrista se metía entre el público y seguía tocando entre la gente, y su cantante era un tipo que lejos de saltar y haces las poses de David Lee Roth o Steven Tyler no tenía nada mejor que hacer que intentar ligar con las féminas en mitad del concierto o que se largaba con algunos borrachos que acababa de conocer y desaparecía un par de días
Y aún así arrasaban. Y empezaban a salir por la radio. Todo el mundo parecía ser fan de AC/DC. Aunque Robert Plant les criticó y les trató como si fuesen una broma, Jimmy Page dijo que admiraba al grupo. Las estrellas de rock iban a sus conciertos. Iggy Pop o Keith Richards querían conocerles a toda costa. No tendrían mucho dinero y Problem Child ni entró en las listas y su disco apenas se coló entre los doscientos más vendidos, pero todo aquel que tenía que saber quiénes eran AC/DC ya lo sabía. El problema era que ahora había que promocionar Let There Be Rock en Europa, lo que implicaba seguir girando sin ningún apoyo y para auditorios casi vacíos en los que había más policías que público, para después ir al Reino Unido. Estamos en octubre, y mientras la tragedia caía sobre Ronnie y Lynyrd Skynyrd noqueando a Bon, ahora sí, aunque consumidos por la pena, por fin un disco de AC/DC entró en las listas británicas y por primera vez no fueron teloneros de nadie. AC/DC ya eran los protagonistas. AC/DC estaban a un paso de la realeza rockera. Y estaban dispuestos a volver a atacar América y terminar el año por todo lo alto antes de ponerse a grabar el próximo álbum. Imaginad poder ver a UFO con AC/DC y después con Aerosmith y Cheap Trick en 1977, o los conciertos con los que cerraron el año acompañando a los KISS de los del Alive II. Simmons es un genio de las finanzas y no pudo acertar más fichando al grupo más opuesto a KISS del planeta. En semejante escenario los AC/DC tocaban como si aquello tuviese diez metros cuadrados y la enorme KISS Army alucinaba cuando Bon se subía a Angus a los hombros y se metía a bailar entre una masa que acostumbraba a ver a las estrellas de rock como divinidades intocables. Divinidades que veían cómo el grupo que contrataban como teloneros se los estaban comiendo en directo. Con el año nuevo tocaba volver a Australia y retomar las grabaciones que dejaron a medias ocho meses atrás. La llegada no pudo ser más problemática, y fue el motivo por el que AC/DC no volverían a tocar en directo en su tierra hasta 1980. Cliff Williams no tenía visado para entrar en el país y los bajos que escuchamos en lo que se convertiría en Powerage son obra del mayor de los Young, que además de producir los discos junto a Harry Vanda, ahora tenía que reciclarse como bajista. Luego está la historia de Bon perseguido por el fisco tras tirarse más de una década sin pagar impuestos, pero eso no viene a cuento.

Los estudios Albert eran su refugio y con el convencimiento de que iban a estar en Australia el menor tiempo posible, y con la llegada de Williams después de todos los problemas burocráticos, Powerage tomó forma.Para marzo el disco estaba hecho, aunque no vería la luz hasta un 25 de mayo, si bien el público inglés lo tuvo a primeros de mes. De hecho, para cuando salió ya estaban en una gira por Europa en la que se gestaría el futuro directo del grupo If You Want Blood You’ve Got It y con la que estaban arrasando Gran Bretaña. Un disco que empieza con Rock ‘n’ Roll Damnation, una pieza que entró a última hora por la demanda de la discográfica de tener un single vendible en lugar de un manojo de guitarras sobre historias de peleas de bar y chistes guarros, y que desde aquel momento se convirtió en un clásico. Phil Rudd marca ese ritmillo boogie boogie medio ebrio a espaldas del riff repetitivo de Angus y la como siempre gloriosa poesía de Bon -”My temperature’s runnin’ hot, and I’ve been waitin’ all night for a bite o’ what you got!“- con el final colosal de uno de los mejores estribillos -Toda la canción es un estribillo, no tiene punto muerto- que he escuchado en mi vida. Un despiporre que se diluye cuando empieza Down Payment Blues; riff solitario y oscura línea de bajo que va haciéndose musculosa hasta que entra Phil Rudd. Un tema con un sonido más oscuro, largo y menos festivo, con un solo de Angus que amaga hasta soltarse una de las mejores interpretaciones de su vida. Un temazo que es una de las grandes joyas ocultas de AC/DC. Gimme a Bullet es genial, y sobre Riff Raff, bueno, el nombre lo dice todo. Guitarras atronadoras, riff furioso. Tan furioso que a Bon casi ni se le escucha. Cada disco sonaban más crudos y ruidosos, sonaban mejor. Sin City es otro clasicazo firmado por Bon Scott. La producción es especialmente pésima (En el buen sentido) sacando un sonido horrible (En el mejor sentido); el solo de Angus es crujiente, la voz de Bon sangrante y de nuevo el bajo cobra importancia, creando una de las mejores bases rítmicas de su carrera. Un tema brutal sobre los peligros y las miserias de la ciudad. Desde luego es normal que los jerifaltes de Atlantic estuviesen molestos con el sonido del disco. What’s Next to the Moon es tremenda. Totalmente imposible de comercializar en la era dorada del AOR. Ninguna emisora de radio pondría esta burrada, y eso que Powerage se coló gracias a Rock ‘n’ Roll Damnation en un formidable puesto veinticuatro en las listas británicas y el grupo salió por TV. Un éxito teniendo en cuenta que en su explosivo interior venían lindezas como la repetitiva y machacona Gone Shootin’, adorable historia sobre una chica con mal carácter -”My baby’s gone shootin’ Ow! Look out!“-, la estruendosa Up to My Neck in You, una de esas canciones de AC/DC que te suenan a otras canciones de AC/DC pero que te da igual porque es una explosión ensordecedora de guitarras y rock, y, para rematarlo, Kicked in the Teeth. Un tema que empieza con Bon a solas berreando. Y empieza el ruido; una de las canciones más simples de AC/DC y una de las mejores. Con semejante bomba, tocaba volver a América en una gira enorme, que duraría cinco meses junto a grupos como Aerosmith, Alice Cooper o Molly Hatchet. Faltaba lo mejor.
Hay directos que potencian los temas de estudio, y otros que los desvirtúan, bien, aquí ni una cosa ni otra. Sencillamente cogen los temas de estudio, y alguno nuevo, y los trituran. Pero pongámonos en situación. Cuando hablamos de AC/DC el último día acababan de publicar el infartante Powerage y gracias a Rock ‘N’ Roll Damnation se habían colado de una manera tan milagrosa como merecida en las listas británicas. Gracias a eso pudieron actuar en el Top Of The Pops cantando su particular hit, que podéis disfrutar en vuestro Youtube de cabecera o en el más que recomendable Familly Jewels, y con los ingresos que empezaban a caer cada vez de manera más copiosa Angus siguió los pasos de Bon y se compró una dentadura nueva. Jamás dos hijos de la Australia profunda habían lucido tan surrealistamente fotogénicos. En todo caso lo mejor estaba por llegar, y es que América les estaba esperando. La edición americana de Powerage esta vez fue la misma que la australiana y aunque el disco estaba perdido en los abismos del Billboard, al menos estaba. Se avecinaba una gira de casi un año, y empezaron acompañando a un Alice Cooper que había dejado atrás a sus compañeros, había contratado a unos mercenarios de lujo como Bruce Kulick (Aunque éste ya había abandonado el barco para 1978), Steve Hunter, Dee Murray o Prakash John y se había tirado en una huída hacia adelante que estaba empezando a tomar una trayectoria descendente hacia los abismos del rock, justo lo contrario que aquellos pirados australianos, ansiosos como estaban por tocar después de un par de meses en el dique seco. Tenerles como teloneros era un problema para todos y en esas fueron dando tumbos por el continente, pasando de Alice Cooper a otros dinosaurios como Aerosmith, si cabe en peor estado y siendo barridos por los AC/DC, y Ted Nugent, el cual estaba por aquel entonces autodestruyéndose tras la marcha de Dereck St. Holmes. Hasta los arrolladores Van Halen les temían. Nadie quería salir después de ellos. Foreigner hacían todo lo posible para salir antes. ¿Cómo podían competir contra esos tipos con su AOR azucarado?


Estaban sembrando el pánico entre la realeza del rock americano y ni siquiera aparecían entre los cien discos más vendidos. Aunque Powerage terminaría por llegar al estatus de platino tiempo después, no pasaron del #133 en el Billboard, pero para aquel entonces ya eran el grupo más popular en directo. Beneficiados por las decenas de miles de personas que iban a ver a los Aerosmith o Van Halen de turno y que esperaban unos teloneros de relleno, con el factor sorpresa y el espectáculo indescriptible que suponían Bon y Angus de por medio, reventaban al público y de ciudad en ciudad corría el rumor de que AC/DC eran el grupo del momento. Llevaban todo el verano de gira y para septiembre sus nuevas víctimas eran Rainbow, otro grupo que empezaba a desmembrarse fruto de la relación terminal entre Ritchie Blackmore y Dio. A lo tonto habían actuado en algunos de los festivales más importantes de Estados Unidos y ya sabían lo que era tocar para más de 50.000 personas y lo que era salir en la TV nacional tocando Sin City en el Midnight Special presentados en sociedad por Ted Nugent y Steven Tyler. Siguieron abriendo esta vez para UFO y Thin Lizzy. Los primeros ya con un Michael Schenker bastante perjudicado y los segundos en mejor forma, aunque como el resto de grupos, con poco que hacer ante unos AC/DC que estaban tan rodados y que eran una trituradora humana de cinco piezas y que ya estaban preparados para actuar por su cuenta sembrando el caos para desesperación de Gary Moore, Phil Lynnot y Scott Gorham, que lógicamente estaban flipando con los teloneros que les habían colocado. Tocaban tan alto que los promotores y las autoridades estaban pendientes y los tenían tan fichados que directamente les bajaban el volumen. Obviamente la cosa se salió de madre una bendita noche en la que la gente de seguridad entró en la cabina y echó al técnico de AC/DC. El problema fue que los Young se percataron y el concierto terminó con daños de varios miles de dólares y unos cuantos policías. La verdad es que Malcolm era un auténtico broncas por mucho que Bon se llevase la fama, y es que él estaba bastante más interesado en pasar las noches americanas rodeado de groupies que se lo rifaban ante unos Young que pasaban bastante de las correrías por los pasillos de los hoteles. El caso es que pese a todo, para finales de otoño la gira americana estaba finiquitada, cerrándola teloneando a Aerosmith una vez más.

Pero a la par que sucedía todo esto, a miles de kilómetros se publicaba uniendo un montón de cintas el directo por el que tanto habían luchado desde que empezaron en el rock, que pese al gancho de ser el directo de la gira mundial, fue grabado muchos meses atrás, un 30 de abril, en el Apollo de Glasgow, en la que era la primera fecha de la gira británica. Todos sabemos el nexo con Escocia de los AC/DC, y Glasgow era un fortín repleto de fans enajenados y borrachos que adoraban a esos garrulos por encima de cualquier cosa, y para su regocijo aparecieron con un equipo inalámbrico, con lo que Angus podía pasearse y dar todas las vueltas que quisiese entre la multitud y por el teatro, y, para rematarlo, terminaron vistiéndose con el uniforme de la selección escocesa de fútbol y tirando balones al público, grabándolo para la eternidad durante los bises, durante Fling Thing, un instrumental sacadode una canción tradicional escocesa y que pasó a conocerse como Bonny, y Rocker. La gira continuó, pasaron por lugares como el Hammersmith Odeon y luego continuaron por Europa antes de embarcarse en la suicida gira americana, con los altibajos de noches desastrosas como aquella en la que la escenografía de Rainbow no funcionó y se tuvo que devolver el dinero al público, y con alegrías al ver que en Texas no les habían olvidado, pero aquello no tenía nada que ver con lo que pasó esa noche en Glasgow. No es de extrañar que el flamante directo de los AC/DC subiese hasta rozar el top 10 de las listas británicas, con un contenido incendiario y demoledor desde la propia portada. La imagen de Angus siendo empalado por una guitarra y llenándolo todo de sangre ante la furia de Bon Scott era la definición del sonido AC/DC, y el interior era brutal. Los AC/DC de 1978 eran la combinación perfecta entre el grupo de pub que habían sido hasta hace no mucho y la trituradora de estadios que serían poco después. La sangre que salía del pecho de Angus en la portada era la sangre que se derramaba en los conciertos cada noche en pleno ritual hard rockero, y en pocos directos se ha sentido eso. “Eso”, y la comunión mística con un público entregado en pleno éxtasis. Pocas directos, puede que ninguno, han conseguido meterte en la piel del público como éste, y eso pasa desde el instante en el que los privilegiados que pasaron aquella noche con los AC/DC empiezan a gritar instantes antes de que arranque Riff Raff. Crujiente, primitiva, brusca… igual que en la versión de estudio pero amplificada por el increíble y formidable ruido, puro y duro ruido, que satura todo. Pasan casi tres minutos hasta que Bon aparece de entre los escombros y berrea y se deja sus apretadas pelotas para sacar todo lo que tiene dentro mientras Angus empieza un solo alocado y frenético cortado por uno de los riffs más perfectos y sencillos de la Historia del rock.


Es increíble que este tema dure seis minutos de reloj y que se pase tan asombrosamente rápido, sin dar descanso a Hell Ain’t a Bad Place to Be, con un comienzo brutal gracias a la técnica del elemental Phil Rudd y al carisma de Bon. Estás en primera fila y te está dando la mano el cabrón de él. Van a cuchillo y se cepillan la canción a puro ritmo, con un breve solo incendiario de Angus entre la humeante masa sónica que produce la columna vertebral que forman Malcolm, Cliff Williams y Phil Rudd. Y sin descanso llega Bad Boy Boogie, y lo más sublime, cada vez van más deprisa y más a matar. Puro delirio guitarrero. Por eso viene bien The Jack, para calmar un poco el tempo y recrearnos en el carisma de Bon Scott. Si la canción de por sí es digna de una tesis, en directo, más, y con Bon recreándose en la historia -Te lo imaginas con sus ojos de loco y su sonrisa de pillo- y metiendo sus cuñas y observaciones -”She’s got the jack… but she sure was good!“- encantado de que el público coree su oda a la gonorrea, hacen de ella una exquisitez del rock guarro, como si ya no lo fuese antes. Eso sí, el cambio de ritmo que llega con Problem Child es antológico. Ese riff salido de la nada… en disco era dinamita, pero es que aquí suena… Los coros de Malcolm y Cliff con Bon en el estribillo son demoledores, Rudd es una máquina y Angus parece que va a explotar. Cuando se arranca con Whole Lotta Rosie el público ya está cachondo perdido, coreando el nombre de Angus y entregado a los pies de un Bon que chilla y berrea como si le fuese la vida en ello. Rock ‘N’ Roll Damnation suena sudorosa e intensa a la vez que majestuosa. La voz de Bon está tan cascada que parece que se va a rajar la garganta en cualquier momento, pero aguanta; antológico. ¿Cómo no iban a temerles los grupos a los que iban a telonear? ¡Eran imparables! High Voltage tiene el ritmillo boogie original pero desde un prisma más hard rockero que le sienta de maravilla, con un empujón final mortal: Let There Be Rock es monstruosa, alcanzando más de ocho minutos convertida en hierro y furia narrada por Bon profeta del rock y elevando a Angus hasta perder la noción del tiempo, y finalmente la Rocker más frenética que podáis imaginar cierra esta obra maestra. Probablemente sea el más definitorio nunca grabado. Pero lo mejor estaba por llegar.
A finales de noviembre de 1978 todos eran conscientes de que el próximo disco tenía que ser el mejor disco de AC/DC, el que tuviese los himnos definitivos y el que sonase más espectacular que nunca, el que les inmortalizase. Y en esas entraron en diciembre a los Albert Studios de Sidney, como cada año, de la mano de George Young y Harry Vanda, como cada disco. ¿Para qué cambiar la fórmula? El problema es que al otro lado del Pacífico los señores de Atlantic estaban empezando a cansarse y a ver la posibilidad de hacer dinero a partes iguales. Consideraban haber invertido demasiados esfuerzos en un grupo que poco a poco iba a más, y que en directo ya habían humillado a los grandes del hard rock, pero que no terminaba de romper en las listas, y la culpa, según ellos, no estaba en el grupo, estaba en el estudio. Como bien sabéis, la manera de trabajar de AC/DC hasta aquel momento había sido totalmente casera y, sobre todo, autodidacta. Y esto no casa muy bien con los planes de una gigantesca discográfica para la que eso de que los discos de uno de sus grupos con más potencial sean producidos por el hermano de los dos cerebros del grupo y un amigo del mismo no es serio. Atlantic lo tenían claro, si AC/DC querían explotar necesitaban un productor ajeno al grupo, y esta imposición, como es lógico, sentó mal. Vanda y George Young habían sido parte del grupo desde el principio y habían estado a la sombra todos estos años trabajando para llevarles hasta ahí y ahora quedaban expulsados por unos americanos que iban a colocarles a un tipo que no conocían y que quería alterar su sonido para que fuese lo suficientemente radiable como para ser un éxito en la América del AOR y la música disco, una misión suicida que le fue encomendada a Eddie Kramer, el cual era ya una leyenda por aquel entonces, y es que a fin de cuentas había estado en la sala de mandos de discos como Electric Ladyland, Led Zeppelin II, Physical Graffiti, Mr. Fantasy o Frampton Comes Alive!, amén de producir todos los discos de KISS entre Alive! y Alive II en pleno apogeo del grupo, incluyendo el primer disco en solitario de Space Ace. Su elección por parte de Atlantic no fue deliberada. Querían impresionar a los AC/DC con un tipo que había trabajado para muchos de sus héroes.


En teoría, tenía que ser capaz de domarles, pero nada más llegar a Sidney y tener que lidiar con el grupo y sus antiguos productores se dio cuenta de que aquello iba a ser más jodido. Con las primeras maquetas preparadas embarcaron al grupo a América -Quién le iba a decir a Bon que su última gira australiana sería en 1977 y que la última vez que iba a cantar en su tierra sería poco antes de marcharse a Estados Unidos en un club junto a los Young improvisando para unos pocos parroquianos-, concretamente hasta la poco rockera Miami. Pero no, ahí tampoco había química con Eddie Kramer. De hecho, Bon Scott empezaba a tenerle manía. Y es que eso de levantarse para ponerse a grabar a media mañana era de muy mal gusto. El método de trabajo era completamente diferente. Kramer quería convertirles en una especie de nuevos Aerosmith, buscando un hit, haciéndoselo saber sin ningún reparo, sugiriéndoles cosas como preparar versiones de otros grupos para el disco -Esto ya le condenó eternamente para los Young-, y estaba acostumbrado a trabajar con gente como Gene Simmons y Paul Stanley, que iban al estudio con las ideas claras y una fórmula en la cabeza de un porcentaje de baladas, hard rock y protagonismo para cada uno, entrando a grabar. AC/DC no eran así. Su genialidad residía en pasarse el día en el estudio sin que les molestase nadie hasta sacar canciones. Aunque las sesiones de grabación en Miami no fueron apenas productivas, de ahí saldría el riff de Highway to Hell y unas cuantas demos que grabaron a escondidas de Kramer. El tiempo pasaba, el disco tenía que salir como fuese y por fin convencieron a Atlantic para que Kramer fuese retirado, y esta vez Doug Thaler, otro viejo zorro del rock, les mandó a un por aquel entonces bastante desconocido Mutt Lange. Todos los planes del grupo se paralizaron; no habría más giras hasta que el disco estuviese acabado. Ya habían perdido demasiado dinero. Lange se los llevó a los Roundhouse Studios de Londres ese mes de febrero, y durante los dos siguientes meses fueron puliendo las ingentes cantidades de riffs que tenían preparados los Young, pero esta vez el productor del disco tenía algo que aportar. Como se vería con sus trabajos con Foreigner y Def Leppard, la importancia de los coros y las voces dobladas son su sello. El plus que le faltaba a la voz de Bon.
Para algunos, suelen vivir en cuevas, este tipo de detalles pervierten el sonido, pero bendita sea la manera de producir de este señor y bendito el día en el que los Young y él se unieron. El caso es que el disco se terminó en abril y mientras el bombazo esperaba para ver la luz, empezó la gira americana, de nuevo junto a UFO, Journey, Nazareth, Cheap Trick o Boston, además de repetir con Ted Nugent, Thin Lizzy y Aerosmith, pero también en solitario, y gracias a firmar por la monstruosa firma de David Krebs, el mayor promotor del país, pasaron a actuar en recintos más grandes que nunca ante auténticas mareas humanas de decenas de miles de personas. Lo habían conseguido. Daba igual que la prensa musical siguiese sin tomarles en serio, lo habían logrado, ya eran uno de los grandes. No eran muy glamourosos y Robert Plant vetó su presencia en Knebworth, pero a su vez Townshend, que siempre ha sido más abierto de mente, les invitó a tocar en el mismísimo Wembley y repitieron después junto a los Who y Scorpions, para volver a América y seguir con la espectacular gira de presentación de un Highway to Hell que salió a lo largo del verano de 1979 mientras AC/DC volaba los sesos de cientos de miles de rockeros de ambos continentes, volviendo al Sur profundo que tanto les adoraba junto a Molly Hatchet. Ajenos a todo esto, el disco se colaba en el top-10 de las listas británicas y llegaba al #17 en Estados Unidos, mientras que el single de Highway to Hell llegaba al #47 en el Billboard. ¿Qué se puede decir sobre un tema como Highway to Hell a estas alturas? Es el himno por excelencia. Ellos sabían perfectamente lo que tenían entre manos y sabían que esa canción les elevaba a una dimensión que cinco años atrás parecía imposible. No hay ser humano en este planeta que no la conozca, es imposible esconderse de ella. Y, por supuesto, se nota un sonido mucho más bombástico y limpio que incendió emisoras de radio de todo el mundo en su primer disco multimillonario y universal. Pero, ¡oh!, hay más, al contrario de lo que piensan los nuevos fans que han salido de nadie sabe muy bien dónde y abarrotan los conciertos de AC/DC. Lo cual es divertido, porque los puretas se ponen nerviosos. Mientras tanto, Bon Scott, allá donde esté…

Girls Got Rhythm es la quintaesencia del boogie rock de AC/DC con su riff y ritmo infecciosos, aumentado a la enésima potencia. La calidad es abrumadora, todo suena tan bien que llega un momento en el que casi suena “demasiado” bien, pero no hay adornos, en 1979 eran así de buenos, eran el grupo más en forma del planeta. Los últimos treinta segundos son antológicos con los coros de Williams y Malcolm, y acto seguido con el magmático riff de Walk All Over You y el saber hacer de Phil Rudd se marcan un primer minuto que va creciendo entre tinieblas hasta que entra Bon y todo estalla. Un temazo espectacular, con la agresividad de Powerage y la crudeza de Let There Be Rock proyectadas sobre ese amasijo de hierro humeante que eran la garganta de Bon y las guitarras de los Young. Cualquier grupo de rock mataría por poder componer algo del calibre de Walk All Over You. Y qué decir de la ardiente Touch Too Much, con dos riffs simultáneos, de Angus y el subterráneo de Malcolm, que llevan directos a un estribillo mortal, otro himno espectacular. No entiendo cómo este temazo no llegó a ser un hit, porque es apoteósico, una bomba de hard rock más adictivo que nada en este mundo, con un final que es el éxtasis rockero definitivo. Sólo hay un punto flojo en todo el disco: Beating Around the Bush. Es un buen tema, en la tradición más clásica de los primeros AC/DC, y sé que a muchos les encanta, de hecho en los anteriores trabajos encajaría, pero aquí suena un poco anacrónica y falla en el estribillo, por lo que te deja un poco a medias. A medias dentro del hecho de que el conjunto es grandioso. Grandioso porque este detalle queda en nada y se olvida cuando llega Shot Down in Flames. Probablemente, la canción más adictiva de AC/DC. Los hay que dicen que todas las canciones de AC/DC son iguales. Algunas son peores y otras mejores, pero todas son iguales. Bueno, pues si todas son iguales, son iguales a Shot Down in Flames. Como Get It Hot. No deja de ser otro rock con una base rítmica machacante, un riff constante y la voz de Bon. La voz de Bon. No he dicho casi nada de su voz en este disco, pero no porque no esté a la altura… es que está pletórico y su particular manera de escribir las letras sigue siendo tan divertida y guarra como siempre.
Puede que tuviese dos temas sobre los que escribir, o chicas ligeras como en Get It Hot o peleas de bar como en If You Want Blood (You’ve Got It), pero nadie lo ha hecho tan bien, tan honestamente y con tanta gracia y carisma. If You Want Blood (You’ve Got It) es el enésimo himno de este disco, y por muy sobada que esté, por muchas decenas y cientos de veces que la hayas escuchado da igual, ese riff, esa voz, ese solo contrahecho y ese ritmo conecta con lo que sea que tengas en tu interior y te lleva a otra parte. Es algo primitivo, animal. Cuando se hace ese silencio y Bon suelta al final “I want you to bleed for me!” y sueltan la traca final con Williams y Malcolm coreando a Bon… Pero es que aún hay más. Love Hungry Man es otro artefacto glorioso y perfecto. Más lenta y bluesera, en la que Williams y Rudd tienen más protagonismo que nunca, Bon se luce y Angus suelta otro de esos riffs inmortales en uno de los temas más injustamente desconocidos de la carrera de AC/DC, con el que es el segundo solo por excelencia del disco -El mejor es el de Night Prowler-, y para rematarlo y dejarnos inconscientes en el suelo, Bon coge aire y Angus arranca en la canción más tórrida y calentorra de AC/DC, Night Prowler; con un tempo lento y denso es, sorpresa, otro clásico instantáneo del rock. Durante mucho tiempo, mi favorita. El solo de Angus es abrasador y más bluesero que nunca y Bon canta en un registro tenebroso y malévolo. Así termina el disco definitivo del rock según AC/DC. Si Bon tenía que irse al otro barrio convertido en una leyenda, éste es el mejor testamento que podía habernos dejado. Pero el mundo seguía girando, y tras recibir su primer disco de oro en Estados Unidos, volvieron al Reino Unido para continuar con esa eterna gira que ya duraba un lustro acompañados por, casualidades de la vida, los Def Leppard que se harían de diamante de la mano de Mutt Lange. Unos Def Leppard que fueron acogidos por Bon cuando por aquel entonces eran unos desconocidos para casi todo el mundo pero que ya tenían un nombre en la escena metalera británica a finales de 1979 y estaban a punto de reventar con On Through the Night y que en apenas dos años alcanzarían el estatus de rockstars con High N’Dry.
Pero ésa es otra historia, como lo es la gira que llegó después con unos Judas Priest que también estaban a punto de conquistar el mundo del heavy metal con British Steel. 1979 se estaba terminando y el mundo del rock cambiaba, y cambiaría para siempre ese 19 de febrero de 1980. 1980 fue un año como para perder el norte. Después de pasar unos días en Australia en enero, Bon volvió a Europa para dar los últimos conciertos de la gira del Highway to Hell, siguiendo la rutina de los últimos cinco años. Cada vez eran más grandes pero a fin de cuentas Bon seguía siendo el mismo. Los últimos conciertos fueron en Inglaterra y allí se quedó Bon. Salió con sus amigos de UFO y tuvieron alguna aparición televisiva, aunque no tan mítica como la de Aplauso de TVE, y es que tenemos el honor de tener una televisión pública que emitió la última aparición de AC/DC con Bon Scott. Girls Got Rhythm, Beating Around the Bush y Highway to Hell, en cantoso playback todo sea dicho, fueron sus tres últimas canciones. Todavía tendría tiempo para pasarse por el estudio y tocar la batería en las versiones primigenias de Let Me Put My Love into You y Have a Drink on Me, colaborando con los Young para agilizar la creación de los primeros temas del nuevo disco que esperaban tener listo en pocos meses. El objetivo era lanzarse a conquistar el mundo, con su primer disco de platino en los USA bajo el brazo y con él la revalorización de todos sus discos. En esas, un 18 de febrero, Bon no tenía planes y Silver Smith, una vieja amiga, habló con unos amigos para que le acompañasen al Music Machine de Londres para ver a Lonesome No More, grupo que sonará a los fans de The Cult pues ahí tocaba Billy Duffy. Alistair Kinnear, amigo de Silver, llevó en coche a Bon a su casa. Scott estaba inconsciente y Kinnear se fue a dormir dejándole tumbado en el coche… y por la mañana le encontraron muerto. La historia es tan simple como triste. Murió como cualquier mortal con un problema de alcoholismo que preocupaba desde hacía tiempo a George Young, Harry Vanda y el grupo. Esa noche podría haber sido como cualquier otra y podría haber seguido con su ritmo de vida hasta que su organismo se colapsase en otra ocasión. Malcolm, que fue quien reconoció el cadáver, tuvo que llamar a los señores Scott para darles la noticia y Phil Rudd, Cliff Williams y los Young se quedaron destrozados y sin tener la menor idea de qué demonios se suponía que tenían que hacer. Bon fue enterrado en Fremantle un 1 de marzo. Bon Scott siempre será uno, si no el que más, de los cantantes más queridos que ha dado el rock, un gran tipo, siempre fue el mismo pichabrava macarra. Bon lleva ya más de treinta años siendo inmortal. Él es el único cantante que sea el momento que sea, te arranca una sonrisa. Por mucho que se haya escrito sobre él, nunca será suficiente

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno, muy bueno, buenísimo.

Anónimo dijo...

Gracias. Que bien me lo he pasado leyendo esto. Va por ti BON!! (09/07/1976)

juan h. dijo...

nunca me habia detenido a leer un texto taaaan largo como este en un blog, pero este lo vale. Bon Scott lo más grande del rock

Anónimo dijo...

Siempre dije y sigo diciendo, Dios existe, llevo toda mi vida escuchando ac/dc, y tengo claro quien es mi Dios,

Anónimo dijo...

Muy buen curro, super agusto haber leido esto del tiron. Bon Scott inigualable.

Anónimo dijo...

Magnifico articulo. Bon era un ser especial. Para mi, el mejor cantante de la historia del Rock.Hay gente que aunque jamas los lleges a conocer personalmente son como unos viejod amigos, estan siempre ahi para alegrarte el dia. Bon es uno de ellos. Ride on Bon